09 julio 2007

Recorrido Sabatino

Cómo puede ser un sábado emblemático en la capital, les cuento del que viví este fin de semana. Salí de la universidad y me encontré con un amigo bogotano, que tenía planeado un paseo por varias partes que yo no conocía de la ciudad. El día no podía ser mejor, un sol radiante en contraposición a ese frío tan característico de la capital. La primera parada fue en un restaurante de un centro comercial internacional, muy cerca del Museo Nacional. Allí varios restaurantes esperaban por los comensales del fin de semana.

Mi amigo me llevaba al famoso “Sopas y Postres de la Abuela”, desafortunadamente no abren los sábados. Así que mientras decidíamos, pasamos frente a un “Crepes and Waffles” y revisamos la carta. Sin embargo, seguía pensando que quería comer algo tan autóctono como en el plan original. Entonces nos dejamos atraer por la imagen del restaurante Terraza. El lugar es hermoso, ordenado, decorado con gusto exquisito. Nos fuimos hasta la parte exterior donde un toldo con formas nada comunes hace la idea de estar en una especie de sitio campestre en pleno centro de la ciudad, las plantas y el decorado completan el escenario. Me decidí por un plato de ajiaco santafereño de los mejores, nada más típico.

Luego de esta primera parada obligada, por el hambre que ya apremiaba a las 2:30 pm, retomamos el camino al Museo Nacional. En el camino nos topamos con un centro artesanal, en una acera muy amplia que hay por la 27 con 7ma. Repleto de esos adornos varios que siempre me han gustado, todo bueno, bonito y barato. Quien venga a la capital seguro debe llevarse algo de estos tarantines llenos de pulseras de cuero, tulas, guantes, anillos de materiales varios, bufandas, y más.

Llegamos al Museo, la exposición actual es sobre la cultura Mochica, originaria de Perú. Hay una buena cantidad de piezas que datan de entre los años 100 a 750 d.c. Adornos, piezas funcionales como jarras, elementos decorativos. En una parte está recreada la cripta donde se encontraba el Señor de Sipán, líder de esta comunidad, con sus alhajas lo enterraron hace quién sabe cuántos años, y fue descubierto por un excavación arqueológica en 1987, desde ese momento se lleva la exposición a varias partes del mundo. Como dato curioso el señor fue entrerrado con un niño, dos jóvenes mujeres de 20 años, que serían sus esposas menos importantes, su esposa en primer orden, un estandarte y un perro, que tomamos largo rato en descubrir que no está a la vista. Estuvimos intrigados porque la niña guía de la exposición hablaba del perro, pero no lo veíamos entre las urnas, y es que no se puede ver. (En la foto vemos al Señor de Sipán en su urna)






Rostros humanos en vasijas, considerados el arte más importante de los Mochicas.




Hay muchas piezas de la época de la independencia de Colombia, para los venezolanos de igual valor teniendo ese pasado compartido, con Bolívar y Santander a la cabeza. Se habla de un Bolívar muy seductor, guapo, atractivo en algunas de las referencias a los cuadros que se exhiben. Se puede apreciar la vestimenta a la usanza de la época del General Santander, y el cuadro de Páez, que prefería su imagen con sombrero llanero a la de un general con traje de militar.

Esta sala del museo es sumamente interesante. Hay una representación pequeña hecha por un artista poco tiempo después de la muerte de Bolívar, es una especie de maqueta pequeñita en donde se muestra a Bolívar agónico en su habitación en Santa Marta, rodeado de sus amigos, con la inscripción: “aquí yace el que aró en el mar y construyó en el viento”, frase dicha por Bolívar antes de morir, refiriéndose a su sueño frustrado de una Suramérica unida. Acá vemos una foto (bastante pobre) de esta pieza, no se aprecia bien por el flash que colocamos para que no apareciese movida, disculpas a los curadores del museo por este flash.

Son innumerables las piezas elaboradas por ebanistas de la época. Objetos únicos conservados perfectamente a pesar del paso de los siglos. Uno siente que ha pasado tan poco tiempo desde aquel período de luchas y grandes visiones, de guerras, triunfos. Tan sólo 200 años han transcurrido, somos un pueblo de historia reciente.

Y bien, en el museo también hay tienditas de souvenirs, un café muy agradable, dos jardines con fuentes de agua en los puntos centrales, bancos de madera, y mucha gente paseándose de sala a sala, y de jardín en jardín. Otro dato curioso es que este museo fue alguna vez una cárcel, me comentaba mi amigo que por eso pueden verse barrotes en sus grandes muros de piedra.

Luego partimos hacia La Candelaria, centro histórico de Bogotá, como ya era de noche, decidimos llegar a un café-bar espectacular llamado “Híbrido”, allí hay varias chimeneas, cojines en el piso, la decoración se parece a la de una casa, con salas, sillas antiguas, cuadros, esculturas. Mi amigo pidió un exquisito vino caliente y yo opté por los tradicionales jugos de frutas del local. Muy rico. Para quienes quieran una velada romántica ésta puede ser una buena opción pues en la zona de los cojines hay pequeñas mesitas con velitas. Queda en lo que antes fue la calle del cartucho, ahora renovada.

Así finalizó nuestro especial paseo por Bogotá. Un sábado como pocos, en grata compañía y apreciando lo bueno que hay por hacer en esta ciudad.

2 comentarios:

Daniel Eduardo dijo...

Que chévere este artículo me alegra que hayas vuelto a escribir. El Museo Nacional siempre tiene unas exposiciones muy buenas y es importante que las aproveches. un abrazo

NAXOS dijo...

No podía faltar en esta crónica el famoso perro del Señor de Sipán, perro que luego vimos reencarnado en un simpático perro de la calle y que nos habló en palabras proféticas maldiciendo a los profanadores de tumbas que habían alterado su descanso eterno.

Mi cámara fotográfica está un poco sentida con eso de, y cito, "Acá vemos una foto (bastante pobre)", jajaja. (Por no hablar del abnegado fotógrafo, que por amor al arte tuvo que soporta la reprimenda de cinco celadores diferentes)

Un sábado especial, lleno de historias, de esqueletos sin piernas, huesos de bebes, vasijas impúdicas, jugos ad hoc e indígenas ambigüos, de estatuas descabezadas y celadores demasiado observadores y muchos regaños.

Un abrazo enorme, me encantó tu escrito.