04 mayo 2007

Confesiones gramaticales


A mí me cuesta escribir. Primero está el problema con las comas. Tengo una amiga-hermana, que -para más señas- es también periodista y escribe divinamente, y que siempre me ha instado a que reconozca mi conflicto gramatical y trabaje por solventarlo. Admití, con resistencia, que la gramática es una suerte de enigma para mí, pero me alejé de la solución. En vez de seguir practicando, me abstraje del tema de la escritura, abocándome con más ahínco al que siempre he considerado mi fuerte, la expresión oral. Con el paso del tiempo dejé mi zona de comodidad, constituida por las radios en las que trabajé, y me quedé en silencio, con muchas ganas de escribir, pero paralizada ante el temor de seguir sin entender el equilibrio que debe existir en la ubicación de los signos de puntuación en el texto.

Sí, lo sé, no es una confesión propia de ningún periodista, ni la que se espera de quien desea escribir -algún día- en un medio de comunicación impreso, pero, lo admito, las comas no son lo mío. Por lo pronto, trato de reconciliarme con el hábito de contar historias. Lo tenía de niña, cuando escribía aún sin importarme el tema de las comas, pues ni sabía que existía la gramática. Por supuesto eran historias locas, que sólo los niños pueden escribir. Cuentos sobre, por ejemplo, una niña que un día se puso a contar caracoles en un cuarto de jazmín. Decía algo como: “las flores que allí había tenían cara de muñecas, había peluches muy lindos, osos perros y paticos, unas flores muy bonitas como son las margaritas, y el calor que le brindaban las cobijitas de lana. Había colores claros, oscuros e intermedios que convertían la alcoba en un jardín de misterio”. Ese poema, era sobre mi habitación, y la niña era yo. Ahora irremediablemente lo asocio con la canción Lucy and the sky with diamonds, por lo de los colores del video y sus supuestas conexiones con el LSD.

Escribía, y los más esperanzados -mis padres y amigos cercanos de la familia- elogiaban mis edulcorados poemas. Era aquel tiempo en que, como lo dice Benedetti en “Mucho más grave”, uno dice cosas adultas y solemnes, y los solemnes adultos las celebran. Junto a mi madre y madrina, compusimos la poesía que sellaría el recuerdo de mi primera fractura de brazo. A continuación incluyo algunos fragmentos:

I
En el caballo de Core
yo no me vuelvo a montar
porque si lo vuelvo a hacer
me puedo hasta reventar

II
por montarme a pleno pelo
me caí y no me gustó
me rompí mi frágil hueso
y qué horrible me quedó

III
mis pobres padres corriendo
me buscaron un doctor
muy serio el galeno dijo
ese hueso se rompió

IV
Que le saquen el electro
que le tomen la tensión
que llamen al camillero
para empezar la función

El fin del poema no lo recuerdo, pero sí vívidamente la caída del caballo, y el yeso que llevé orgullosa durante dos largos meses, con firmas de mis compañeros por todas partes. Mamá lo lavaba con cuidado porque decía que no se veía lindo, ni femenino, pero, para mis ojos, era un signo inequívoco de valentía, y las firmas y dibujos en desorden, eran fabulosas muestras de cariño, aunque pareciesen graffitis urbanos. Era la niña que a sus escasos siete años se había caído del caballo. Era, en resumen, casi una amazona.

Me gustaba escribir porque además vivía junto al mar. Para mí, el campamento petrolero de Pequiven era lo más cercano al paraíso, y escribir no podía ser sino una manera de contárselo a los demás. Podría decir muchas cosas de aquellos tiempos en los que pasear bicicleta parecía una razón de vida, y la urbanización de algo más de 50 casas era el mundo disponible a recorrer, con sus montañas intrincadas (pequeños montículos de tierra), grandes avenidas pavimentadas (las aceras más bonitas), y zonas peligrosas decretadas por los padres (todo aquello que no pertenecía a la urbanización).

Podíamos pasar horas enteras bajando uvas de playa de los árboles, y pretender hacer con ello vino con nuestras mamás. Tuvimos una casa en el árbol color rosado, que luego fue derrumbada pues a la directiva de la urbanización le pareció que esa construcción idílica estaba contribuyendo a “ranchificar” la imagen del campamento. Eran famosas -entre mis compañeros de quinto grado de primaria- las tardes de cazar mariposas en los jardines para luego enviarlas de nuevo al vuelo, como respuesta al discurso ecológico que nuestros padres hacían al vernos llegar con, al menos, dos contenedores de vidrio llenos de diminutas mariposas amarillas luchando por escapar.



En ese tiempo surgieron además las clases para lo que fuese: tenis para que los niños se ejerciten, karate para que se aprendan a defender, natación porque el mar está cerca, pintura y música para que se expresen, ajedrez para que piensen. De estos privilegios muy pocos sacamos partido. Al menos yo disfrutaba más los paseos en bicicleta, con sus momentos esperados, como la llegaba del camión de la fumigación, que lanzaba pesticida para los zancudos en una enorme nube blanca. Pasear entre ese cielo químico y maloliente era el momento más anhelado de la tarde. No nos importaba que nuestros alarmados padres nos alertaran acerca de los problemas respiratorios que esa acción irresponsable traería a nuestras vidas. Así de bucólica, rupestre, descomplicada y animosa, fue mi infancia.

Quería escribir sobre mi intermitente hábito de la escritura, y de repente me tomó por asalto la nostalgia.
Nota: las imágenes son tomadas de diversos sitios de internet.

8 comentarios:

Tzeitel dijo...

¡Excelente texto, Tania! Y un poco para contribuir con la discusión -como tú misma lo admites- no hay razón para temer de la gramática y la sintaxis. Basta con entender para qué sirven todos los puntos. Recuerda que no todo es coma (,) en esta vida... Hay admiraciones (!) para llenarnos de alegría; hay interrogaciones (?) para no perder nunca la curiosidad; hay puntos finales (.) para ser determinantes; hay suspensivos (...) para reflexionar, e incluso los hay multifuncionales para cualquier otra cosa. ¿Qué te parece? Un beso desde Caracas.

un manuel dijo...

Hola, yo también escribo, a veces... Y escribo fino, eh? Si no, que lo diga Tzeitel. Bueno chao.

Dondanilo dijo...

Tania, que alegria

Hola Tania. Es muy grato para mi, saber que existen personas que encuentran atractiva nuestra ciudad. A decir verdad yo pienso que es el mejor vividero de todo el mundo por multiples razones. Te invito a visitar mi blog el cual habla de problemas que existen en nuestra querida ciudad y que te daran un dimensionamiento adicional a tu concepto actual.

http://dondanilo-transportepublicobogota.blogspot.com/

Espero comentarios. Feliz estadia en esta tu ciudad.

Tania L. Nieto dijo...

Gracias Don Danilo, con mucho gusto visitaré tu blog, todo ello contribuirá a completar esta visión que me estoy haciendo de una Bogotá amplia, llena de cosas por ver, mil gracias por tu comentario

Jahndrés Bizar dijo...

Escribir es lo mejor para el alma, la mente y el cuerpo.

Escribir eleva la mente, porque te lleva a mudos distintos.

Eleva el alma porque de cierta forma te la purifica.

Y eleva el cuerpo porque te da sabiduría.

Gracias por visitarme y me gusta tu blog... Ojalá sigamos en contacto.

Cuídate y en la buena.

Jahndrés Bizar dijo...

Gracias a vos por perder el tiempo leyendome...

Me gustaría leer algo nuevo en este blog

Cuidate y en la buena

Tania L. Nieto dijo...

Qué pena Jahndrés, no he escrito por falta de tiempo. Pero lo haré. Gracias por visitarme

Tania L. Nieto dijo...

A mi querida Tzeitel, te repito la célebre frase de Truman Capote "cuando Dios te da un don, te da un látigo, y ese látigo es solamente para autoflagelarte". No dejes de escribir nunca, quienes no te conocen de inmediato saben que eres una escritora, mis amigos han quedado encantados con tu comentario... Eso es para que no pienses que te lo digo porque eres mi amiga, NO, ¡la gente lo sabe! Monta tu blog mi Tze, un abrazo

La confianza definitivamente da asco como dicen en E!, y por eso, como son mis amigos, probablemente no les había dejado un comentario en mi blog...eso es porque puedo hablarles por msn jajaj. A tí Manu, te pido que escribas como me dices que lo haces, súper bien, acá o en tu blog, si como dibujas escribes, seré tu fan número 1. Un abrazo a tí también