13 mayo 2007

De la 45 a Niza

- Tengo que tomar un taxi rápido. A ver… éste no. Éste va lleno. ¡Nooo! este señor tiene pinta de pocos amigos. ¡Éste!

Hago la seña de parar al taxi, y el conductor se estaciona rápido cerca del andén. Entro al carro y enseguida pregunta “para dónde señorita”

- Buenas tardes señor, ¿me lleva a Niza?

- Sí, ¿cómo no?, a qué dirección

- Eso es a dos cuadras de la iglesia de los mormones, ¿sabe?, allí, en dirección al Boulevard Niza, donde hay unos edificios bonitos grises con rojo.

El taxista -conciente de manera inmediata de que conduce en su auto a una extranjera- reformula la pregunta “Sí eso es en la calle 127 ¿con qué?”

Luego de cinco meses en Bogotá, aún sigo dando direcciones al estilo valenciano. Caigo en cuenta… la dirección se da con números ¡Qué despistada!

- Señor a la calle 127 con carrera 51ª, por favor.

Luego de la común elección de ruta, entre las opciones disponibles (que si nos vamos por la autopista, que por la séptima, que podemos bajar por la 72) y señalándome que mi acento delata que no soy de aquí (sumado a mi atropellada petición de dirección) el señor taxista comienza a relatar que él tampoco es de Bogotá, que él viene de los pueblos cercanos, y allá el trabajo no abundaba para la época en que se vino.

Cuando llegó a la ciudad –hace 20 años- decidió trabajar en fábricas diversas, primero en la industria del calzado, luego en una ensambladora de vehículos, hasta que un día conoció a alguien que le ofreció ser taxista.

-La cosa no estaba fácil y ser taxista siempre ha dado buen dinero señorita, así que me metí en esto.

Poco a poco se da la conversación, él quiere contar eventos de su vida, hay tiempo suficiente y probablemente ha escuchado más historias de las que comúnmente relata, así que decide hablar pausadamente de su trayectoria como chofer de taxis.

- Manejar un taxi da dinero, uno sale en la mañana, y no es sino llevar a un pasajero para hacerse de 2.800 pesos, y si uno sigue y tiene un buen día, puede llegar a hacer unos 40 mil, así que -sin duda- uno puede llevar el pan a la casa.
Yo he escuchado más cosas de las que quisiera. La gente siempre habla mientras yo conduzco callado, a veces incluso me piden opinión para algún dilema que tienen, y me convierto en psicólogo mientras manejo. En veinte años he visto de todo en este taxi.

El señor continua “una vez se montó una niña de unos 14 años diciéndome que sus padres se habían separado y su mamá vivía en Bucaramanga, y ella estaba desesperada por volver con su mamá, pero no tenía dinero para hacerlo, así que empezó a decirme que ella estaría dispuesta a lo que fuese para encontrar el dinero. Imagínese, dispuesta a lo que fuese” señaló impresionado. “Yo simplemente le pude decir que por qué no se sacaba algo de la casa de su papá, no sé, algo de valor, un grabador, algo que pudiese empeñar, pero que no dijera esas cosas. Es terrible ver cómo la juventud está tan perdida”.

El conductor se enternece, apunta que es padre, y que esas situaciones que ha visto en su taxi le preocupan mucho, él no sabe como la gente no se da cuenta de lo que ocurre a sus hijos. Parece entristecerse por lo que decido cambiarle un poco el tema. Le pregunto si conoce toda Bogotá, si recorre toda la ciudad o ciertas partes y enfatiza “a Bogotá sólo la recorro del centro al norte, trato de no meterme para el sur, porque no entiendo casi sus direcciones, y es más peligroso. Si alguien quiere ir al sur, le advierto que si no conoce la dirección es mejor que tome otro taxi, o de lo contrario es seguro que me perderé”

El taxista, de unos 40 años, de cabello medianamente canoso y voz agradable, parece muy cómodo contando los detalles de su carrera conduciendo el vehículo amarillo, que de un tiempo para acá es propio. Quiere decir cosas que recuerda, y sonriente me pregunta ¿sabes cuál ha sido la mejor época?

- ¿Cuál época fue esa?

- Pues la del narcotráfico.

La conversación toma un giro repentino…

- ¿Eso fue como hasta qué año señor?

- Eso fue como hasta 1996, desde mitad de los 80´s, fue una época inolvidable, había mucho dinero en la calle. Se montaba una gente al taxi y me pedía que los llevara a las afueras de la ciudad, que apagara el taxímetro porque me iban a dar buena plata. Y así hacía yo. Apagaba el taxímetro y cumplía la petición. Siempre daban unas propinas increíbles. A veces me pedían que los llevara cerca, al norte, pero que esperara en el taxi, y cuando yo cobraba lo que correspondía al kilometraje, me decían, tranquilo hombre, guarde el cambio ¡y era un cambio absurdo, de veinte mil pesos más! Esos fueron buenos tiempos para uno.

- ¿Y no le daba miedo señor, verse en algún momento raro, en un fuego cruzado?



- No, no, no -responde seguro- eso no ocurría, más bien uno lo que veía era niñas lindas que acompañaban a los traquetos a sus fiestas en las fincas, a las afueras de la ciudad, y uno conducía nada más, y esperaba a que la fiesta terminara, y los llevaba de vuelta. Eso era todo, y siempre volvía a casa con mucho dinero, porque en ese tiempo, ese era un gran negocio, ya no es así, esos eran los tiempos del dinero corriendo a manos llenas, señorita.

- ¿Y cuál es su mejor anécdota como conductor? le pregunto

Sin chistar responde rápidamente “fue cuando se subieron dos jóvenes al taxi, un día del amor y la amistad, yo iba a trabajar nada más hasta el mediodía, porque tenía a mi novia y quería llevarla a almorzar, pero los jóvenes me pidieron que los llevara a unas aguas termales que quedan cerca, que los llevara y los esperara, que ellos me pagaban almuerzo y demás, yo les insistí que no podía, pero al ver que ellos pagarían bien, entonces decidí que celebraba al otro día con mi novia”.

El conductor continua el relato, “los llevé a las aguas termales, ellos me pagaron el almuerzo, y los esperé en el taxi. Cuando salieron, ya eran las 5 de la tarde, como esa zona es alejada de la ciudad insistí en que ya era hora de partir, y ellos aceptaron. En el camino, la joven empezó a sentirse mal, decía que parara en cualquier lugar, que algo de la comida no le había caído bien, pero estaba oscuro y yo les pedí que se esperaran. Fue cuando pasábamos más o menos por el Externado de Bogotá que paré el vehículo a orillas de la carretera. La muchacha bajó y se metió hacia el monte. Al ratico, el novio bajó para acompañarla. Yo esperé en el taxi, y se demoraban, pero me daba pena bajar a verlos, porque no sabía en qué andaban, ya que era el día del amor y la amistad y no sabía si estaban en algo, pero al pasar los veinte minutos bajé, y cuando fui al sitio, ya no había nadie, ¡se habían fugado!, y me quedé sin el dinero de la larga carrera del día, y sin celebrar con mi novia que estaba furiosa ya para esa hora, y se iba a poner más molesta sabiendo que no celebré con ella por andar esperando que una gente me estafara"

Reímos juntos de su anécdota, y fue cuando llegamos a mi destino. Bajé del auto, sabiendo que esta historia bien podía contarse.
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Nota: todas las imágenes son tomadas de internet. La que corresponde a Pablo Escobar es un cuadro que se expone en www.artelista.com

10 comentarios:

Anónimo dijo...

Espero ver mas anecdotas por aca, gusto en leerte ;)

Gina dijo...

Que buena historia Tani...Esto cada vez se pone mucho mejor! jejeje...Un abrazo!

Jahndrés Bizar dijo...

Pues la época del narcotráfico para muchos fue buena, pero a otros les pasó la del taxista, los estafaron.

En Cali, mi ciudad natal, todavía estamos sufriendo las consecuencias de esa época que para el taxista fue buena, sin embargo para mucha gente no es así. Ahora hay muerte, bombas, violencia, milicias urbanas y demás cosas que la poca destrucción de ese imperio ha ocasionado.

Los taxistas cuentan unas historias muy buenas, y lo bueno de eso es reflexionar para saber si queremos ser un taxista estafado o un taxista que quiere gozar con su novia el día del amor y la amistad por mucho tiempo.

Está muy bueno tu blog, ojalá sigamos en contacto (marvinw13@hotmail.com)

Tania L. Nieto dijo...

Hola Gina y Jahndrés, qué bueno tener sus comentario por acá. Pues es muy cierto lo que dices Jahndrés, traté de contar exactamente lo que me dijo el taxista para dejar que quienes leyeran sacaran sus conclusiones. Pero son muchas las reflexiones que se pueden hacer, toda la doble moral que se forja en torno al tema del narcotráfico, es muy duro, y la indiferencia también lo es. Claro que seguiremos en contacto.

Víctor Solano dijo...

Magnífica crónica Tania. Felicitaciones porque lograste sacarle el alma al taxista.

Tania L. Nieto dijo...

Jajaj aunque larga no? gracias Profe, será siempre bienvenido por acá. Qué buena tarea nos puso a hacer con la creación del blog, ha sido quizás la tarea que con más ánimo he hecho en años, y es gracioso, porque es una tarea que no termina, y ¿para qué debería terminar? Somos aprendices de bloggers gracias a su invitación a entrar en esto, y como dice Jahndrés, qué mejor manera de hacerlo que de la mano del Neo de la Blogósfera jajaja. Un saludo

Diego Fernando dijo...

Hola Tania: Muy buena crónica. La época del narco aún se vive y se manifiesta en la devaluación del peso por la plata que entra por ese concepto y en que aún se ven nuevas grandes obras construyéndose y negocios de fachada. Lo que tiene razón el taxista es que ya no hay tanta ostentación como la había por entonces por parte de los traquetos. Sólo te recomiendo que trates de no llamar la atención como extranjera en un taxi, ya que te pueden dar un tour por la ciudad antes de llevarte al sitio que quieres para hacer correr ese taxímetro.

Tania L. Nieto dijo...

Gracias Dieguito siempre atento a todo lo que ocurre, tienes un sociólogo en tu mente de matemático, químico y ajedrecista. Me corroboras algo muy cierto, y es que aún el problema existe, no en la magnitud de otra época, pero ha dejado secuelas. Sobre tu recomendación, es un poco difícil imitar el acento, pero al menos trataré de dar la dirección con números siempre! Un beso y saludos a todos. Los quiero!

Carlos dijo...

Este escrito está excelente amor. Tiene humor y suspenso a la vez.
Te confieso que en la parte del narcotráfico me mareé un poco, pero nada grave.
Me reí mucho con lo de la dirección a la criolla. Incluso recordé un chiste que habla sobre las diferencias de Venezuela con respecto a otros países en este aspecto.
El chiste dice que un tipo en NY para el taxi, entra y dice: Please, road 45 8 avenue
Y aquí uno para el taxi, mete la cabeza por la ventana del copiloto, regatea y luego que se monta explica: lleveme para la casa de rejas blancas con marrón que esta frente a la mata de mango Jajaja

Tania L. Nieto dijo...

Carlos gracias por visitarme...seguiremos en contacto. Espero tenerte por acá más seguido. Sí nuestras direcciones a la criolla son irrepetibles en otros lugares del mundo. Estoy pensando en crear un blog más personal, ahí es más probable que te sientas identificado, puesto que muchas historias tendrán un denominador común con las tuyas por aquello de los cinco años. Un beso, y bienvenido. Saludos